La amistad en la infancia, ¿”divino tesoro”?

amigos

En la infancia suelen forjarse las amistades más genuinas, pero ¿qué pasa cuando nos parecen poco beneficiosas algunas compañías de nuestro hijo?

En reglas generales, a partir del ingreso escolar –y gradualmente hacia los últimos años de la primaria- notamos que nuestros hijos van ganando autonomía. La relación con los papás y mamás cambia, iniciándose un proceso gradual de búsqueda de independencia que podemos notar en algunas de sus actitudes.

En este camino, les gusta tomar algunas decisiones: eligen qué tipo de ropa prefieren, seleccionan sus útiles, se deciden por usar un tipo especial de corte de pelo, comienzan a marcar sus gustos musicales. También se muestran más pudorosos y  preservan su intimidad así como comienzan a guardar para sí  o entre amigos, pequeños “secretos”.

Es un proceso natural de paulatino distanciamiento de los gustos de los padres; al mismo tiempo comienza a cobrar importancia el grupo de pares –amigos y compañeros-  como un referente importante que se va a constituir en uno de los ejes centrales del desarrollo de su personalidad en esta etapa.

La amistad surge de una elección profundamente personal, generalmente motivada por algún tipo de afinidad. Esta afinidad puede manifestarse por un interés común (ser hincha el mismo equipo de fútbol, jugar a los mismos jueguitos en la compu, compartir el gusto por la misma música, etc.) o por situaciones compartidas (que los padres sean amigos, viajar juntos hacia el colegio, ser compañeros de banco, etc.).

En esta etapa suelen forjarse verdaderas amistades que pueden durar toda la vida. Es sorprendente ver cómo mujeres y hombres ya grandes y con nietos sostienen relaciones que se iniciaron en la infancia y que los han acompañado durante toda la vida. Se dice que el verdadero amigo es un verdadero tesoro; quien lo encuentra ha encontrado una gran ayuda para poder compartir los momentos más felices y también las dificultades que siempre la vida nos presenta de forma alternada.

Pero qué pasa cuando nos parecen poco beneficiosas algunas compañías de nuestro hijo. La preadolescencia y la adolescencia son etapas que en algunos momentos se vuelven turbulentas y en esa confusión tenemos miedo de que nuestro hijo sea arrastrado hacia situaciones, hábitos o lugares que no lo favorezcan.

Lo primero que debemos preguntarnos es a partir de qué aspectos se genera nuestra incomodidad. Tenemos que separar los prejuicios que pueden ser de tipo religioso, social y cultural de los comportamientos y actitudes que trasgredan los valores y costumbres que queremos enseñar a nuestro hijo.

Siempre convendrá conocer a sus amigos, invitándolos a nuestra casa, observarlos jugar, conversar y ver cómo se relacionan entre ellos y con el grupo.

Tenemos que confiar en que va a saber elegir sus verdaderas amistades, aquellas en que va a depositar su alegrías y tristezas; sus éxitos y fracasos.

Pero en caso de que claramente sepamos que nuestro hijo sostenga una relación de amistad que no lo está ayudando, no conviene que nos pongamos en contra ni critiquemos abiertamente a ese amigo. En ocasiones esa actitud suele provocar el efecto contrario porque al tratar de desafiar y diferenciarse de sus padres, en un proceso sano de crecimientos emocional, el niño o joven decide frecuentar cada vez más esa amistad.

El termómetro de cómo está nuestro hijo debería ser nuestra mirada sobre ellos mismos. Cuando hablemos con él o con ella conviene centrarnos en nuestra observación de cómo lo vemos o la vemos. “Te veo algo nervioso”. “Veo que venís muy cansada y sin ganas, luego de estar con esa amiga”. “Te noto triste a pesar de que me decís que estás saliendo con ese chico”. “Aunque te lo he propuesto, tu amigo no viene a nuestra casa, ¿por qué?…

En algunas circunstancias debemos –llegado el caso- poner algunos límites como, por ejemplo, restringir las invitaciones, las salidas nocturnas o las llegadas a altas horas de la noche. Cada edad tiene sus ritmos adecuados y cada familia sus propias normas. La coincidencia entre lo que le dice mamá y lo que le dice papá es central; tenemos que hablar con nuestra pareja ya que llegado el caso, si el chico ve un quiebre tratará de entrar por la hendidura para lograr obtener el permiso deseado.

Conversá frecuentemente con tu hijo sobre aspectos y valores, transmitile tu experiencia, hablale de cómo hiciste tus amigos, aunque parezca que no le importe. Una vida con más años como la tuya ya conoce de alegrías y sin sabores. Dialogá con tu hijo para ayudarlo a reconocer y cultivar la verdadera amistad.

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Pintando con nuestros hijos

circulo cromático

 

Una actividad divertida es la de pintar con nuestros hijos, para ello, te recordamos cómo formar muchos colores a partir de los colores básicos.

El color es una percepción visual que se genera en el cerebro. El uso de ciertos colores impacta gradualmente en el estado de ánimo de las personas; también evocan  emociones. Algunas personas tienen un don natural para entender cómo está compuesto un color que ven y también la forma de combinar los colores para crear una combinación armónica. Pero para que todos lo logremos, lo que tenemos que repasar es la teoría del color, la que se puede aprender con facilidad.

Hay 3 colores básicos o primarios de los cuales parten el resto de los colores, estos son el amarillo, el rojo y el azul.

De la mezcla de amarillo y azul se obtiene verde, mezclando amarillo y rojo se obtiene naranja y mezclando azul y rojo se obtiene violeta.

El verde, el naranja y el violeta son denominados colores secundarios.

Ahora, miremos el círculo cromático. Los colores que están directamente uno frente al otro en el círculo cromático se denominan colores complementarios. Por ejemplo, el azul y el naranja son complementarios, el violeta y el amarillo también.

Los colores vecinos, por ejemplo azul, azul-verdoso y verde se denominan análogos.

El negro y el blanco son neutrales, no están en el círculo cromático, ya que son acromáticos. En pocas palabras, no son colores sino más bien las variaciones en la luminosidad y la oscuridad.

Para la pintura, los colores básicos son los primarios: el rojo, el azul y el amarillo, además del blanco y el negro. A partir de las combinaciones entre ellos, se pueden obtener todos los demás. El siguiente cuadro detalla -de un modo orientativo- las proporciones que se deben respetar para obtener colores como resultado de la mezcla de esos tonos básicos.

Verde: 1 parte de azul y 1 de amarillo

Marrón: 2 de azul, 2 de amarillo y 1 de rojo

Piel: 10 de blanco, 4 de amarillo, 2 de rojo, 1 de negro y una pizca de azul

Celeste: 4 de blanco y 1 de azul.

Rosa: 3 de blanco y 1 de rojo

Naranja: 1 de rojo y 2 de amarillo

Violeta: 5 de azul y 2 de rojo

Azul claro: 1 de blanco y 1 de azul

Turquesa: 5 de azul, 1 de amarillo y 1 de blanco

Ocre: 4 de amarillo, 1 de negro y pizcas de rojo y azul

Marfil: 1 de blanco, 1 de negro, 4 de amarillo y una pizca de rojo

Gris: 3 de blanco y 1 de negro

Pintar con nuestros hijos puede convertirse en una actividad muy divertida. Comencemos mezclando pequeñas cantidades de témpera sobre un plástico o recipiente pequeño hasta obtener el color deseado y confirmar las proporciones justas. Una vez obtenido el color lo podemos hacer más oscuro agregándole negro o más claro agregándole blanco. ¡Cuidado!, agreguemos de a muy pequeñas cantidades de negro ya que oscurece rápidamente el color.

¡Manos a la obra!

Cuándo la tarea para el hogar es significativa y necesaria para el proceso de aprendizaje

mejor haciendo la tarea para posteo

Uno de los temas que genera más controversias y opiniones dispares en las reuniones de padres es el de la realización y cumplimiento de las tareas fuera del horario escolar.

Un grupo de padres opinará que su hijo permanece demasiadas  horas en el colegio para seguir haciendo tarea escolar en su casa; por el contrario, otros defenderán acaloradamente  que una escuela que se precie de ser seria y enseñar “bien” debe obligar a los niños a realizar ejercitación diariamente; algunos admitirán que sus hijos se niegan sistemáticamente a hacer la tarea pedida o la postergan hasta último momento lo que genera siempre un clima de tensión y discusión en casa; por último, seguramente algunos papás y mamás no se atreverán a decir  que en realidad son ellos los que realizan la mayor parte de la tarea para que su hijo lleve todo terminado y saque buena nota.

Lejos de argumentar quién tiene la postura correcta o no, expondremos algunos objetivos que persigue la realización y cumplimiento de la tarea fuera del horario escolar.

La tarea para hacer en casa puede perseguir varios objetivos: consolidar un contenido que se haya desarrollado en clase, puede servir para automatizar un  proceso , para ampliar un tema visto, para investigar y poner en práctica un concepto, para ejercitar la memoria.

Pero más allá del objetivo puntual que se proponga el cumplimiento de una tarea para el hogar en el área de Lengua, Matemáticas, Ciencias Sociales o Naturales, en todos los casos tendrá el propósito común de generar hábitos y crear rutinas de trabajo, de acostumbrar al niño a revisar diariamente el cuaderno o carpeta, de delegarle parte de la responsabilidad en el proceso de aprendizaje, de ir dotándolo de autonomía y de despertarle la curiosidad por investigar.

Está comprobado que la tarea escolar no cumple una función significativa en el proceso de aprendizaje cuando su objetivo es la mera acumulación y repetición de ejercitación. No tiene sentido llenar hojas y hojas de ejercicios similares si no hay gradualidad en su complejidad y cuando sus consignas no despiertan algún interés en el niño.

Es un desafío para los docentes redactar o pedir  la ejercitación para el hogar de forma tal que el niño se sienta motivado para hacerla; por otro lado, es tarea de los padres, preguntarles diariamente a sus hijos si tienen tarea pendiente y si necesitan material especial para realizarla o completarla. Pero les corresponde, exclusivamente a los niños, su cumplimiento o realización, con errores y aciertos, con dudas y certezas, con respuestas completas, otras incompletas y algunas en blanco. De esa forma, el maestro podrá detectar qué aspectos y conceptos han sido aprendidos y cuáles debe volver a explicar.

La importancia del desayuno durante la semana escolar

desayuno niño para posteo

 

¿Qué desayunan tus hijos antes de ir al colegio y cuánto tiempo le dedican a esta comida? Es posible que muchos de nosotros contestemos que frecuentemente el desayuno durante la semana se tranforma en una batalla campal: al mismo tiempo que les pedimos  a nuestros niños soñolientos que abandonen de una vez por todas la cama, que se vistan y aseen, los seguimos por toda la casa con el vasito de chocolatada o de leche que muchas veces se derrama en el apuro o, en el mejor de los casos, beben a medias.

Muchas horas de ayuno o un desayuno insuficiente en nutrientes trae como consecuencia niños cansados, sin energía, desatentos en clase y sin poder de concentración, que consumen alimentos chatarra en los recreos o picotean golosinas, con bajo rendimiento escolar, que pueden experimentar mareos, visión borrosa, bajos niveles de hipoglucemia y se exponen a padecer obesidad en el mediano y largo plazo.

Por el contrario, un buen desayuno favorece un buen nivel de azúcar en sangre y le proporciona al organismo la energía necesaria para alcanzar un rendimiento escolar óptimo, al tiempo que permite el normal crecimiento y desarrollo del niño. En otras palabras, un desayuno que incluya lácteos, proteínas, vitaminas, fibras, hidratos de carbono y la cantidad adecuada de grasas se transforma en el mejor “combustible” para que poner en funcionamiento el organismo.

Si bien el aporte total de calorías que debe ingerir un  niño depende de su edad, talla y peso, no debemos perder de vista que, tan importante como la cantidad diarias de calorías, lo es el porcentaje de las mismas en las principales comidas. En este sentido, el aporte calórico total de un niño en edad escolar debería estar repartido de la siguiente manera:

–           En el desayuno: 25% de las calorías.

–           En el almuerzo: 30% de las calorías.

–           En la merienda: 15-20% de las calorías.

–           En la cena: 25-30% de las calorías.

Algunas recomendaciones para que el desayuno se convierta en una de las comidas principales del día podrían ser:

  • demos el ejemplo; si los niños ven que los adultos solo tomamos un café a las apuradas porque desayunaremos en el trabajo, ellos no verán la importancia de desayunar en forma más completa.
  • sacrifiquemos todos unos 15 minutos de sueño para poder tomar el desayuno, tranquilos, sentados a la mesa.
  • compartamos con los chicos el desayuno; esto es, sentémonos con ellos como lo hacemos durante el almuerzo o la cena. Si bien por razones particulares no siempre todos los miembros de la familia pueden desayunar juntos, al menos tratemos de que el niño esté acompañado por un mayor, quien no solo esté atosigándolo para que se apure y termine, sino que aproveche para charlar de las actividades de ese día o  comentar las noticias del diario o radio.
  • ofrezcámosle variedad. Si bien la ración de lácteos debe ser diariamente obligatoria, procurémosle, junto con ella, diversas opciones: un día cereales, otro alguna fruta fresca o jugo, tal vez  tostadas con su dulce favorito, en otras ocasiones, un huevo o una porción de queso.
  • si debemos irnos de casa antes de que nuestro hijo se haya despertado o tomado el desayuno, dejémosle sobre la mesa algún cartelito deseándole los buenos días, junto con el alimento que queremos que consuma.
  • si el niño asiste al colegio en el turno tarde, no dejemos que se levante más allá de las 10 y se saltee el desayuno ya que si solo almuerza, con el correr del tiempo esto se transformará en un mal hábito, perjudicial para su crecimiento (por ejemplo, no estará ingiriendo la ración necesaria de lácteos).

La importancia de la cantidad de horas y de la calidad del descanso nocturno de los niños.

sueño para posteo final

Comienzan las clases y nos ocupamos de comprar un talle adecuado  de su uniforme o delantal para que esté cómodo, comprobamos que los zapatos no le aprieten, seleccionamos una mochila reforzada  para la espalda, estamos atentos a su alimentación pero se nos pasa por alto un aspecto esencial : la cantidad de horas de sueño que debe dormir nuestro hijo para tener la energía suficiente y estar atento para la larga jornada escolar.

Más allá de los casos particulares se recomienda que un niño en edad escolar duerma aproximadamente nueve horas seguidas en un horario regular, estable, o sea, sin demasiadas variaciones entre los días de semana y el fin de semana.

Las consecuencias del mal dormir o de la cantidad insuficiente de horas de descanso nocturno son niños irritados, que bostezan o se dormitan durante la clase, que no quieren comer o por el contrario se alimentan demasiado, con falta de atención, memoria y concentración.

Es posible que durante el receso de verano les hayamos permitido acostarse y levantarse más tarde, alterando la rutina seguida durante el año. Más horas de televisión, computadora o videojuegos, salidas hasta cerca de la medianoche para evitar las altas temperaturas diurnas del verano y flexibilidad en el horario de acostarse y levantarse pueden a esta altura del año jugarnos en contra ya que reestablecer dicha rutina lleva varios días y necesita del reacomodamiento y acompañamientos de toda la familia.

No es cuestión de ordenarles a los chicos irse a la cama cuando en casa no hay un “clima” adecuado para hacerlo; a menudo estas imposiciones terminan en gritos, amenazas y llantos que solo hacen que el niño se hiperexcite o enoje y le cueste mucho más conciliar el sueño.

Algunas de las siguientes recomendaciones pueden ayudarnos a las mamás y papás a ir preparando  el ambiente y a lograr la relajación necesaria para el descanso nocturno de los chicos ( y por qué no la nuestra también):

  • No dejar la tarea escolar para después de la cena. Muchas veces la atención intensa prestada en esta actividad –resolución de cuentas, problemas, memorización de datos, etc. -desvela a los niños.
  • Evitar el consumo de bebidas  tipo cola y de chocolate cerca de la hora de dormir. La cafeína existente en estas gaseosas y el poder energizante del chocolate  puede hacer más difícil que el niño se duerma.
  • Lograr una zona de silencio alrededor de la habitación del niño. De nada vale mandarlo a dormir si en la casa hay música a alto volumen, ruidos procedentes de un televisor, radio o conversaciones en voz alta  que pueden sobresaltarlo en medio del descanso e impedir un sueño profundo y reparador.
  • Evitar la televisión en su cuarto o fijar horarios para la misma. Asimismo, no es conveniente que se quede dormido con la tele prendida o que necesite de su encendido para conciliar el sueño.
  • Acondicionar adecuadamente el cuarto: intentar que el colchón no esté deformado, que el ambiente no esté ni a una temperatura muy alta ni muy baja, que las sábanas estén frescas y que haya la mayor oscuridad posible. Recordar bajar las persianas y cerrar las cortinas ya que si la luz del amanecer entra por la habitación puede despertarlo antes del horario innecesariamente.
  • Crear un ritual de sueño; por ejemplo, acostumbrar al niño a que  unos minutos antes de que se entregue al descanso,  lea su libro de cuentos , comic o texto favorito. De esta forma la acción de ir a dormir no es experimentada como un cambio abrupto de la acción a la inacción. Si el niño no tiene el hábito de leer puede escuchar un audilibro o ser nosotros quienes le leamos o contemos  una historia.

Por último, no hay nada más tranquilizador para un niño  y reconfortante para los papás y  mamás que el clasico saludo o beso de las buenas noches. Démonos el tiempo para ello ya que nuestra presencia al final de un largo día  les recuerda a los niños lo valiosos y queridos que son para nosotros, refuerza la idea de protección y los hace sentir seguros en la oscuridad y en el pasaje a los sueños.

Actividades extraescolares

pintura 2

 

Las actividades extraescolares deberían ser justamente eso: no escolares, o sea, no prolongar la jornada académica sino complementar la semana del niño con actividades lúdicas, deportivas, creativas y/o artísticas. De lo contrario corremos el riesgo de saturar y sobrecargar a los chicos y producir un efecto contrario. Incluso si la actividad es el aprendizaje de un idioma, lo ideal sería que su dictado no fuera tan estructurado como lo es la jornada escolar y con un objetivo más comunicativo.

Coro, danzas, teatro,  taller de escritura creativa, la práctica de algún instrumento musical, pintura, escultura o manualidades, todas ellas desarrollan la creatividad, la imaginación y la comunicación. Por su parte la práctica de algún deporte en equipo ayuda a desarrollar las capacidades psicomotoras, de coordinación y desarrolla habilidades de socialización y colaboración grupal; a su vez el entrenamiento individual en disciplinas como judo, karate  y taekwondo  contribuye  a lograr un mayor  autocontrol.

Las artes marciales y los deportes individuales como tenis y natación son recomendados para los más hiperactivos porque en ellos se descarga mucha energía. Como valor agregado, todas las actividades mencionadas insertan al niño en ámbitos diferentes al escolar y lo rodean de otros niños, jóvenes y adultos con gustos similares e intereses comunes. Esta afinidad permitirá ampliar el grupo de amistades.

Como mencionamos anteriormente, se debe encontrar un equilibrio entre la cantidad de actividades y el tiempo extra que disponga el niño de manera que también pueda jugar, distraerse y descansar suficientemente. Por eso debemos organizar una agenda semanal adaptada a sus verdaderas necesidades y también a las nuestras que seremos, seguramente, quienes los traslademos.

Los papás debemos tener cuidado de no elegir las actividades extraescolares en función de nuestros gustos, sueños incumplidos o asignaturas pendientes sino respetando las inclinaciones naturales de nuestros hijos. Es aconsejable que ellos participen en la elección de las actividades y si no, motivarlos y orientarlos en la decisión a partir de sus preferencias, ya que si la actividad no se adapta a sus gustos podríamos generarles una obligación y una presión innecesarias. Los chicos deberían ir a estas actividades de forma voluntaria, deben entusiasmarse con ellas sin que los presionemos. Por eso es bueno acompañarlos a un par de clases de prueba y ver si se sienten cómodos y si se integran al grupo.

Una o dos actividades a la semana son suficientes; la elección también dependerá de la accesibilidad económica y de los lugares donde se practiquen. Muchos colegios realizan algunas de estas actividades lo que resulta más práctico y económico, en algunas ocasiones.

Si son varios hermanos no hay por qué enviarlos a la misma disciplina a todos; cada uno puede tener sus preferencias. Según la actividad, una opción posible es compartirla con ellos, por ejemplo un deporte como natación o una clase de teatro o coro.

No es aconsejable relacionar el cumplimiento de la actividad con algún premio o castigo ya que la presión puede resultar contraproducente para el desarrollo natural de su práctica.

Si el niño se anotó en alguna actividad pero al cabo de algunas semanas comienza a poner excusas para no ir o tiene sueño y se muestra cansado recurrentemente, tal vez es hora de revisar si la actividad elegida es la más adecuada.

Educación para la tolerancia

interesante foto del resultado del trabajo

 

La tolerancia es un valor que no se improvisa, de ahí la necesidad de una educación temprana en el respeto a los demás. No es fácil de la noche a la mañana adquirir una actitud tolerante. Las virtudes se adquieren y consolidan con el paso de los años y las experiencias, es decir que todo lo que hace bueno a una persona requiere una gestación de años.

Educar en la tolerancia es un reto para los padres y educadores.
El niño que se educa dentro de un contexto plural tiene garantizada, en gran medida, su actitud tolerante. Cualquier fanatismo que se pueda introducir en la vida del niño es muy perjudicial, porque le rompe el equilibrio en la apreciación de la realidad.

Pero este tipo de aprendizaje se adquiere también por imitación. Los modelos vivos de tolerancia tienen un gran poder de persuasión. Los conocimientos más importantes de la vida se transmiten, más que oralmente, a través del ejemplo. El niño es muy sensible y con facilidad se deja influir por comportamientos ajenos. De nada servirían tantas palabras si no fueran acompañadas de una conducta coherente con los hechos.
Enseñar a ser tolerante equivale a ser tolerante. Por eso es tan difícil transmitir valores, porque, como dijimos, éstos no se improvisan.

Muchas veces tratamos de imponer nuestra opinión a los demás y suponemos que los otros piensan igual y que tienen los mismos gustos. Pero la realidad no es así. La realidad es plural y diversa. Cada persona es un mundo con sus preferencias particulares. Tendríamos que tener esto en cuenta y no realizar una transferencia injustificada de nuestras ideas y valoraciones a la de los demás.