Actividades extraescolares

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Las actividades extraescolares deberían ser justamente eso: no escolares, o sea, no prolongar la jornada académica sino complementar la semana del niño con actividades lúdicas, deportivas, creativas y/o artísticas. De lo contrario corremos el riesgo de saturar y sobrecargar a los chicos y producir un efecto contrario. Incluso si la actividad es el aprendizaje de un idioma, lo ideal sería que su dictado no fuera tan estructurado como lo es la jornada escolar y con un objetivo más comunicativo.

Coro, danzas, teatro,  taller de escritura creativa, la práctica de algún instrumento musical, pintura, escultura o manualidades, todas ellas desarrollan la creatividad, la imaginación y la comunicación. Por su parte la práctica de algún deporte en equipo ayuda a desarrollar las capacidades psicomotoras, de coordinación y desarrolla habilidades de socialización y colaboración grupal; a su vez el entrenamiento individual en disciplinas como judo, karate  y taekwondo  contribuye  a lograr un mayor  autocontrol.

Las artes marciales y los deportes individuales como tenis y natación son recomendados para los más hiperactivos porque en ellos se descarga mucha energía. Como valor agregado, todas las actividades mencionadas insertan al niño en ámbitos diferentes al escolar y lo rodean de otros niños, jóvenes y adultos con gustos similares e intereses comunes. Esta afinidad permitirá ampliar el grupo de amistades.

Como mencionamos anteriormente, se debe encontrar un equilibrio entre la cantidad de actividades y el tiempo extra que disponga el niño de manera que también pueda jugar, distraerse y descansar suficientemente. Por eso debemos organizar una agenda semanal adaptada a sus verdaderas necesidades y también a las nuestras que seremos, seguramente, quienes los traslademos.

Los papás debemos tener cuidado de no elegir las actividades extraescolares en función de nuestros gustos, sueños incumplidos o asignaturas pendientes sino respetando las inclinaciones naturales de nuestros hijos. Es aconsejable que ellos participen en la elección de las actividades y si no, motivarlos y orientarlos en la decisión a partir de sus preferencias, ya que si la actividad no se adapta a sus gustos podríamos generarles una obligación y una presión innecesarias. Los chicos deberían ir a estas actividades de forma voluntaria, deben entusiasmarse con ellas sin que los presionemos. Por eso es bueno acompañarlos a un par de clases de prueba y ver si se sienten cómodos y si se integran al grupo.

Una o dos actividades a la semana son suficientes; la elección también dependerá de la accesibilidad económica y de los lugares donde se practiquen. Muchos colegios realizan algunas de estas actividades lo que resulta más práctico y económico, en algunas ocasiones.

Si son varios hermanos no hay por qué enviarlos a la misma disciplina a todos; cada uno puede tener sus preferencias. Según la actividad, una opción posible es compartirla con ellos, por ejemplo un deporte como natación o una clase de teatro o coro.

No es aconsejable relacionar el cumplimiento de la actividad con algún premio o castigo ya que la presión puede resultar contraproducente para el desarrollo natural de su práctica.

Si el niño se anotó en alguna actividad pero al cabo de algunas semanas comienza a poner excusas para no ir o tiene sueño y se muestra cansado recurrentemente, tal vez es hora de revisar si la actividad elegida es la más adecuada.

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