Tips para planificar y realizar una experiencia directa con tus alumnos.

planetario

1- Al comenzar el año o mediados pensar qué paseos pueden enriquecer los contenidos que se verán durante la cursada y reservarlos ya que muchos de ellos son tan requeridos que pierden su disponibilidad al poco tiempo o solicitan determinada información de los alumnos y de la escuela que uno debe recabar y enviar a la brevedad.

2- Articular la visita a la planificación del contenido. Para esto es muy importante diseñar qué actividades pueden realizar previamente, durante la visita y/o posteriormente. Para eso hay que tener presente si la misma será considerada como un disparador del tema, para su desarrollo o cierre de la unidad o secuencia.

3- Conversar con los chicos la importancia de aprender de distintos modos y lo enriquecedor de este tipo de experiencia que permite poder estar en contacto con el objeto de conocimiento, poder aprender a través de la observación, la experimentación y el descubrimiento.

4- Establecer previamente pautas de conducta entre todos. Reflexionar sobre la necesidad de cumplirlas y la responsabilidad de cada uno para sí mismos y para el grupo.

5- Planificar la logística, es decir, evaluar cual será el mejor modo para llegar, reservar el transporte, imprimir planos o establecer el orden del recorrido en el caso de que sea necesario.

6- Notificar a los padres y solicitar su autorización con tiempo para asegurarse de que ninguno se olvide de firmarla o en el caso de tener un inconveniente se pueda pensar en alguna alternativa.

7- Además de un maestro acompañante, invitar a al menos dos padres que sean colaboradores, que no se pongan a la altura de los niños y que estén dispuestos a ayudar al maestro ante cualquier percance.

8- Previamente a la visita, reconfirmar con la gente del lugar y el transporte la fecha, horario y requisitos de la visita.

9- Llevar ese día una mochila no muy pesada con lo necesario: el celular con determinados teléfonos guardados (como el del conductor del transporte, el de la escuela, el del maestro auxiliar y/o alguno de los padres acompañantes), una copia de la confirmación de la visita, una fotocopia de la página del registro donde figuran los datos de los chicos, una botella de agua, papel higiénico, algún caramelo o pastilla y el dinero a pagar ya contado y separado con algún dinero extra por si acaso.

10- Recordar que los maestros somos facilitadores del aprendizaje y dejarle el protagonismo a los chicos para que sean ellos los que al observar, sentir y tocar descubran y aprendan.

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Enseñar a partir del Error

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La palabra error para los niños está íntimamente ligada a otra: “MAL”. Equivocarse para la mayoría de ellos es sinónimo de mal hecho, frustración, angustia. Además de eso, para muchos, viene acompañado de un castigo por parte de los padres o el sentimiento de vergüenza o humillación frente al maestro y sus compañeros.

Cada uno de nosotros tuvo sus propias experiencias en relación al error, algunas más traumáticas que otras. ¿Es posible evitar esto transformando la mirada que tiene el chico del error en algo positivo, en el punto de partida para el aprendizaje?

Eso dependerá mucho de nosotros los maestros, de lo que les transmitimos a través de nuestras palabras, de nuestras correcciones y valoraciones; si al final de cuenta errar es humano y nadie va a la escuela si ya sabe todo.

¿Cómo podemos enseñar a partir del error?

Lo primero es dejar bien en claro al alumnado que a la escuela se viene a aprender y que aprender es un proceso en el cuál el error forma parte. Gracias a la equivocación los maestros podemos identificar la dificultad y así guiar al niño para que la corrija.

Luego es muy importante establecer abiertamente esta modalidad en la clase. Expresar reiteradamente a los alumnos que es muy importante participar más allá de que la respuesta sea errónea porque se valora más su intervención. De este modo lograremos un clima más relajado para los chicos y favorable para su aprendizaje.

Frente a una respuesta incorrecta es muy importante conducir al alumno a su corrección sin que sienta vergüenza o escuche un: “NO o MAL”. Para ello es posible admitir varias respuestas de diferentes alumnos y analizarlas, formular nuevas preguntas que guíen al descubrimiento o favorecer que pida ayuda a otro compañero.

A la hora de evaluar es muy importante mirar todo el proceso y no sólo la respuesta final. Por otro lado la nota debe resaltar el logro y no el error y es conveniente alentar y dedicarle tiempo a la corrección de la misma.

Es clave también enseñarles que el error de uno puede ser el de otro compañero que no se anima a decirlo o no sabe cómo expresarlo y que trabajando sobre el mismo grupalmente es posible ayudar a otros.

Por último, es muy importante que como maestros seamos los primeros en aceptar nuestros propios errores y demostrarles así a los chicos que el error es un compañero de toda la vida y que según como lo asumamos nos podrá conducir o no al aprendizaje y a la superación de obstáculos.

“La historia del pupitre”

pupitre

Recuerdo haberme sentado en uno de esos pupitres clásicos de antaño de tablitas de madera, donde la tabla de escritura estaba levemente inclinada con un espacio para el tintero y los lápices y el asiento que formaba parte de la tabla de escritura del alumno de atrás. Asientos individuales colocados en fila para control del docente y todo atornillado al piso. Es decir, un aula estática, imposibilitando el posible trabajo grupal, la socialización. Sin posibilidad de compartir nada. Cada uno manteniendo su espacio. Este espacio lo viví en quinto grado en una escuela religiosa, en el año 1977.
Según expresan las informaciones el pupitre conservaba una posición higiénica donde todo tenía su lugar, los que eran ubicados al levantar la tabla de escritura en una especie de cajón que había debajo de ella.
Parece ser que se recomendaba a los padres disponer en sus casas de un pupitre similar al que había en las escuelas, ya que esto implicaba similares condiciones para realizar las tareas en condiciones higiénicas y de comodidad.

El pupitre Albis era así:
El alumno de 6 a 18 años conserva en él una posición higiénica. El asiento, el respaldo doble y la tabla para los pies pueden regularse con facilidad. El cajón del pupitre está construido a propósito para guardar libros. La parte inclinada del pupitre puede levantarse. Con disposición Albis para el tintero y pupitre para leer.
Asiento universal y pupitre derecho para niños y adultos: con depósito práctico para las plumas, gran cajón para libros, tintero cerrado y pupitre regulable para leer. La tabla del pupitre está provista de una prolongación hacia la derecha, que permite apoyar el brazo hasta el codo al escribir.
Catálogo ilustrado de material de enseñanza. Publicado en español. ca. 1910.

Otros especialistas comentaban que el pupitre era un factor de afecciones que padecía el niño en la escuela:
Estando el niño con el cuerpo inclinado hacia adelante, tiene la cabeza y los ojos junto al libro, posición que congestiona el cerebro y contribuye a determinar la miopía. Además un hombro levantado constantemente por el defecto de la mesa, se hace y permanece más alto que el otro, el pecho se hunde y las funciones de la respiración y de la circulación sufren por la posición viciosa y prolongada.
Lescano. M.. “Material escolar: el pupitre”. en El Monitor de la Educación Común.
Buenos Aires. enero 1896.

El mejor banco tenía relación con la prevención de enfermedades y las malas posturas sin tomar en cuenta, parece ser, sobre lo intelectual y lo moral. El higienismo era el protagonista.
También se consideraba que los bancos para más de dos alumnos eran muy molestos para el desplazamiento dentro del aula imposibilitando la vigilancia.

Andrew. Bancos fijos para un solo alumno; de manera que cada niño queda aislado de sus
compañeros, formándose filas de un solo banco separados por caminos de un metro
aproximadamente. Esta disposición facilita mucho la vigilancia del profesor y no se hace
cómplice, por lo menos del fraude a que tan inclinados son los niños. Estos bancos se fijan
bien en el suelo mediante tornillos.” Senet, Rodolfo (1928) “Pedagogía” Cabaut y Cía
Editores.

Esto se relaciona con el modelo “normalista”: con bancos fijos, individuales, con disciplina y control de los cuerpos, homogeneizando conductas y prácticas sobre todo el tema de la escritura, el tipo de letra, “la letra linda”.
“Las tablas superiores de los pupitres tendrán una pequeña inclinación hacia el alumno,
salvo la quinta parte superior que se dejará horizontal para mejor acomodo de tinteros y
plumas. En el borde inferior de la tapa no se admitirá varilla alguna saliente. Debajo de la
tabla, movible o fija, deberá haber siempre una tablilla de suficiente ancho para libros
[…]”. Nardrel, Jr., (1903) “Las condiciones de pupitres y bancos” en El Monitor de la
Educación Común, Buenos Aires, Ministerio de Educación.

Alrededor de 1920 aparecen nuevas propuestas enmarcadas en la llamada “Escuela Nueva” promoviendo la creación de la mesa horizontal, cuadradas, rectangulares, redondas u ovaladas para cuatro, seis u ocho alumnos, con sillas corrientes, todo adaptado a la talla de los niños. Se trata de muebles con mayores posibilidades de articulación y desplazamiento, más acordes con las actividades propias de la nueva educación, centradas en el trabajo personal del alumno, el trabajo en grupos, una mayor libertad de movimientos, la manipulación directa de objetos y materiales, el traslado al aire libre, etc.

Todo acorde a una mirada nueva, distinta, con un interés en los procesos de enseñanza y aprendizaje, con un alumno protagonista, que piensa, que debate, que se le da un lugar, que puede disentir, que puede hacer críticas constructivas. En síntesis, los tiempos van cambiando, la vida va cambiando, por lo tanto la educación también va cambiando, porque son otros los alumnos, las familias, la comunidad. Lo estático quedó atrás, hoy en día podemos trabajar de distintas maneras, por momentos quietos, por momentos movidos, dentro del aula o en el patio y si contamos con un espacio al aire libre, con jardín, mejor.

Nuevas ideas, un nuevo rol docente, una nueva mirada…

Fuente: Portal Educar