La piedra negra (cuento de Marcelo Birmajer)

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Otra cosa que me pasaba de chico es que perdía todos los útiles de la cartuchera, y a veces la cartuchera también. Mis padres debían comprarme cada día un nuevo lápiz, una nueva goma o un nuevo compás (¿todavía siguen usando compás y transportador en la escuela?), y una cartuchera por semana. Yo creo que existen  ciertas personas cuya atención sólo puede ser atrapada por algunos hechos muy llamativos, y no les queda atención para ninguna otra cosa. Es el día de hoy que sigo perdiéndolo todo: los lentes de sol, el control remoto del televisor, una ojota, los papeles donde anoto las direcciones en los viajes. Por eso, me paso buena parte de la vida buscando. Es curioso, porque por un lado debo buscar objetos -llaves, la agenda, una tarjeta-, pero también busco historias para contar, busco sabiduría en las historias de otros escritores, y busco la verdad. ¿Qué es la verdad? Bueno, cómo debe vivir uno para sentirse completo, qué es el bien y qué es el mal, qué es el alma… En fin. Del mismo modo que no busco una sola cosa material: buscando el control remoto encuentro las llaves, buscando la agenda encuentro la lapicera, etcétera; tampoco busco una sola cosa cuando busco las demás: en busca de una historia puedo encontrar un consejo, o en la persona más inesperada puedo encontrar una buena historia. La actitud del buscador siempre debe ser un poco distraída: no sea cosa que por buscar con demasiada atención una sola cosa se pierdan muchas otras.

No sé si mis reflexiones les están resultando lo suficientemente claras; de modo que, por las dudas, como siempre, contaré una historia. No necesariamente porque mi historia vaya a dejar del todo claro el asunto de los buscadores, sino porque, si no queda del todo claro, al menos habrán disfrutado de un cuento.

Cierta mañana de enero me hallaba caminando con mi padre por las playas de Miramar. Yo debía tener doce años. Como mi piel nunca se ha llevado bien con el sol, acostumbraba pasear por la playa a horas muy tempranas. Siete y media u ocho de la mañana, para poder disfrutar del mar y el cielo a pleno sin convertirme en un piel roja. El mar en las primeras horas del día es un espectáculo distinto: las aguas son plateadas, y la espuma es más blanca. El cielo es de un celeste discreto, como si estuviera apareciendo por primera vez. La brisa marina es fría, pero es un frío hospitalario. Mi padre caminaba silencioso, con las manos entrecruzadas tras la cintura; y yo zigzagueaba entre los restos de las olas y la arena húmeda. De pronto, mi padre se detuvo y vi que su mirada se clavaba en un punto de la arena húmeda. Inclinó apenas la espalda y recogió algo del suelo. Me lo mostró.

Era una piedra negra. Una piedra ovalada como un camafeo, reluciente y lisa. Era tan negra que parecía la matriz del color negro, el modelo del que se había partido para luego ir distribuyendo los matices del negro por el resto de los objetos.

Mi padre me mostró la piedra.

–   Tal vez no haya ninguna piedra como ésta en todo el mundo -dijo-. Está aquí tirada, y a nadie le interesa. Pero tal vez sea la piedra más negra del mundo, y tal vez no haya ninguna otra piedra igual. En ese caso, valdría más que el oro.

Yo extendí la mano para que depositara allí la piedra negra; pero mi padre, con una agilidad que pocas veces le he visto, llevó su brazo y su mano hacia atrás y lanzó la piedra más allá de las olas, al centro del mar.

Desde entonces, busco la piedra negra. Cuando buscaba los útiles, cuando busco el control remoto, cuando busco una buena historia o cuando busco la verdad, busco la piedra negra. ¿Y qué significa la piedra negra? Lo sabré si alguna vez la encuentro.

(en: El compañero desconocido, Editorial Alfaguara).

 

Biografía de Marcelo Birmajer:

Se inició en el periodismo, escribiendo en el periódico Nueva Presencia, y fue corresponsal en Argentina de la revista israelí Aurora.

A los 20 años de edad comenzó a desempeñarse como guionista de la revista Fierro.

Ha escrito las novelas Un crimen más alto (1992), Un crimen secundario (1992), Derrotado por un muerto (1994), El alma al diablo (1994), Fábulas salvajes (1996), El abogado del marciano(1996), No tan distinto (2000) y Tres mosqueteros (2001) y los libros de cuentos El fuego más alto (1997), Ser humano y otras desgracias (1997), Historias de hombres casados (1999), Nuevas historias de hombres casados (2001), Últimas historias de hombres casados (2001).

Algunos de estos títulos se han traducido al inglés, alemán, holandés, italiano, chino, japonés, polaco, portugués, lituano y hebreo.

Ha sido galardonado con el Konex 2004 como uno de los cinco mejores escritores de la década 1994-2003 en el campo de la literatura juvenil. Nuevamente en 2011 recibió el Premio Konex junto a Daniel Burman como uno de los cinco mejores guionistas de cine de la década 2001-2010.

Es coautor del guion cinematográfico El abrazo partido (Daniel Burman, 2001) galardonado con numerosos premios: ganador del Premio al guion inédito en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de La Habana de 2002; Oso de Plata en el festival de cine de Berlín en 2004, Premio Clarín al mejor guion y mejor película. También participó en el guion del film Sol de noche.

Como periodista ha ejercido el oficio de redactor y colaborador en más de cincuenta publicaciones de habla hispana. Ha publicado libros y cuentos en la revista del Diario Clarín y en la revista Fierro. Ha publicado con frecuencia en los diarios españoles: ABC, El País, El Mundo. Escribe semanalmente en la revista Ya, del diario El Mercurio (de Santiago de Chile), como también lo hace para el diario Clarín (de Buenos Aires).

Si querés saber más sobre el autor entrá en: http://www.imaginaria.com.ar/13/1/birmajer_lecturas.htm

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