Enseñar a partir del Error

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La palabra error para los niños está íntimamente ligada a otra: “MAL”. Equivocarse para la mayoría de ellos es sinónimo de mal hecho, frustración, angustia. Además de eso, para muchos, viene acompañado de un castigo por parte de los padres o el sentimiento de vergüenza o humillación frente al maestro y sus compañeros.

Cada uno de nosotros tuvo sus propias experiencias en relación al error, algunas más traumáticas que otras. ¿Es posible evitar esto transformando la mirada que tiene el chico del error en algo positivo, en el punto de partida para el aprendizaje?

Eso dependerá mucho de nosotros los maestros, de lo que les transmitimos a través de nuestras palabras, de nuestras correcciones y valoraciones; si al final de cuenta errar es humano y nadie va a la escuela si ya sabe todo.

¿Cómo podemos enseñar a partir del error?

Lo primero es dejar bien en claro al alumnado que a la escuela se viene a aprender y que aprender es un proceso en el cuál el error forma parte. Gracias a la equivocación los maestros podemos identificar la dificultad y así guiar al niño para que la corrija.

Luego es muy importante establecer abiertamente esta modalidad en la clase. Expresar reiteradamente a los alumnos que es muy importante participar más allá de que la respuesta sea errónea porque se valora más su intervención. De este modo lograremos un clima más relajado para los chicos y favorable para su aprendizaje.

Frente a una respuesta incorrecta es muy importante conducir al alumno a su corrección sin que sienta vergüenza o escuche un: “NO o MAL”. Para ello es posible admitir varias respuestas de diferentes alumnos y analizarlas, formular nuevas preguntas que guíen al descubrimiento o favorecer que pida ayuda a otro compañero.

A la hora de evaluar es muy importante mirar todo el proceso y no sólo la respuesta final. Por otro lado la nota debe resaltar el logro y no el error y es conveniente alentar y dedicarle tiempo a la corrección de la misma.

Es clave también enseñarles que el error de uno puede ser el de otro compañero que no se anima a decirlo o no sabe cómo expresarlo y que trabajando sobre el mismo grupalmente es posible ayudar a otros.

Por último, es muy importante que como maestros seamos los primeros en aceptar nuestros propios errores y demostrarles así a los chicos que el error es un compañero de toda la vida y que según como lo asumamos nos podrá conducir o no al aprendizaje y a la superación de obstáculos.

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