Duérmete niño… ¡Duérmete ya!

duermete niño

Faltan minutos para la medianoche pero en casa nadie duerme; todos están despiertos y en plena actividad. Se comió tarde y ahora cada uno hace lo suyo: el papá mira la tele, la mamá termina de ordenar la cocina, un hermano está en su cuarto escuchando música y chateando en alguna red social, mientras el menor deambula por la casa o juega a desparramar sus juguetes.

Los padres están fatigados después de un largo día de trabajo y al grito de “a dormir” intentan que los menores de la casa completen los rituales de higiene y se acuesten. Parece una tarea imposible pues los chicos siguen despiertos,  embobados mirando la tele o dando vueltas por la casa.

Entonces con firmeza y a veces amenazas llega la orden terminante de apagar las luces….  Esta vez la orden es obedecida a regañadientes, cada uno ya está en su cama. Miran la hora para revisar el despertador y otra vez descubren que se hicieron más de las 12 de la noche : ¡“Qué tarde que se hizo!”

Llega el día siguiente, hora de levantarse temprano para que los chicos vayan al colegio. Todos están agotados pues no han dormido las horas suficientes para descansar el cuerpo y la mente. Los chicos llegan al colegio y no rinden bien.

Este relato refleja  lo que muchas familias vivimos cotidianamente: cada día nos cuesta más hacer que los chicos –y también los adultos- se duerman temprano. O terminamos recurriendo a las penitencias, amenazas y retos para lograrlo o directamente desistimos y del cansancio, nos dormimos nosotros antes de que ellos hayan apagado el velador.

¿Por qué los chicos se duermen tarde?

Puede ser porque ellos se adecuan a nuestros horarios: si llegamos tarde de trabajar comemos todos tarde, si nos gusta ir picoteando comida y finalmente cenamos a las 10:00 ellos hacen lo mismo, si nos gusta hacer actividades hasta tarde a ellos también les gusta participar.

Otro de los motivos puede ser que los tratemos como “adultos” y creamos que se van a ir a poner el pijama y van a decidir acostarse temprano por sí mismos. Entonces los dejamos estar y esperamos a que se aburran de jugar y se acuesten o se duerman viendo la tele mientras nosotros seguimos con lo nuestro, sin importar la hora que sea.

También puede suceder que como vivimos tan acelerados, entre una cosa y la otra, nos damos cuenta “tarde” de que se hizo muy “tarde” y la casa sigue funcionando. No podemos pedirles a ellos que bajen las revoluciones abruptamente en una casa donde el ruido de la tele, la música y la charla se extiende hasta altas horas.

A veces se duermen tarde porque comparten la habitación con hermanos mayores o con nosotros mismos y se ven obligados a seguir el mismo ritmo.

¿Cambia en algo que los chicos duerman poco?

Sí, sin duda. Ellos son pequeños y necesitan dormir al menos ocho o nueve horas para crecer fuertes y reponer la energía que gastan a lo largo del día. Además, que estén bien descansados favorece el aprendizaje y el buen humor.

Por otro lado, nosotros los adultos, necesitamos también nuestro momento de intimidad para compartir en pareja. Y estar gastando las energías para que se duerman limita este espacio.

¿Qué podemos hacer para que se duerman más temprano?

Ante todo, recordar que son chicos y que por eso no saben organizarse o reconocer las propias limitaciones de su cuerpo. Por ejemplo, es muy común, que estén cansados, se froten los ojos y las orejas, lloren con facilidad pero nos digan que no tienen sueño. Es por esto que necesitan que nosotros los ayudemos y les marquemos los momentos para cada cosa en su horario.

Más allá de que en cada casa los horarios sean distintos, es importante tratar de establecer una hora aproximada para cenar, que además sea apropiada para la edad de nuestros hijos. Si tenemos hijos pequeños, un horario recomendable es entre las ocho y las nueve.

Las actividades que le siguen a la cena tienen que ser tranquilas para no excitar demasiado a los chicos. Por ejemplo, pueden ver un rato de tele o jugar en su cuarto con autitos, hacer un dibujo, pintar o armar un rompecabezas. También se puede preparar la ropa para el día siguiente, el delantal, revisar que la mochila esté bien completa y que no haya notas sin firmar en el cuaderno de comunicaciones. Este momento ayuda a que hagan la digestión y puedan después dormir mejor.

Finalmente llega el momento clave: acostarlos. Es muy importante arroparlos y demostrarles que los queremos mucho antes de que se queden dormidos. Que no se acuesten enojados o tristes. Para los niños reacios a que los papás abandonemos la habitación antes de que cierren los ojos, se puede probar con música suave instrumental de fondo o relatándoles un cuento.

Creemos que a los chicos les hace bien irse a dormir sin ser forzados. Para ello debemos tratar de que descubran por sí mismos que dormir es bueno y sobre todo necesario. Puede ser que al principio esto cueste e implique mucho esfuerzo pero la recompensa se verá en el futuro cuando descubramos que hemos ganado horas de sueño.

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