¡Las plazas piden niños! ¡Poblemos todas las plazas!

plaza mejor

Las plazas fueron siempre el corazón de los pueblos, de los barrios, de las ciudades. Son pulmones de aire fresco,  espacios de recreación y de juego. Lugares de encuentro y diálogo. ¡Volvamos a concurrirlas con nuestros hijos y a resignificar su función!

Cuando se trazaban antiguamente los planos de pueblos y ciudades, lo primero que se establecía era el sitio para la plaza, con el cabildo, el banco, la escuela y la Iglesia a su alrededor. A partir de ella, se dibujaban las manzanas y se repartían los territorios. Allí la gente comercializaba productos, se encontraba, se conocía y se enteraba de los acontecimientos sociales. ¡La plaza era el corazón de un pueblo que latía!

Estas solían ser el lugar en el que los niños disfrutaban casi diariamente de sus juegos: tobogán, pasamanos, hamacas, subibaja o tambor. Los chicos jugaban en el arenero con sus baldes y palitas hasta llenarse de arena los dobladillos de los pantalones. ¡La plaza era vida!

Las calesitas giraban llenas de chicos que estiraban la mano para agarrar la sortija y ganarse otra vuelta gratis mientras los padres los saludábamos al pasar. ¡La plaza era alegría!

En ellas había diversos árboles coloridos, con sus monumentos bien cuidados y bancos para descansar y relajar la mente mientras se respiraba aire puro. ¡La plaza era salud!

Hoy, algunas de ellas están olvidadas. Han quedado como un terreno baldío por falta de mantenimiento. Las calecitas fueron cerrando. Los juegos quedaron despintados o rotos, los bancos están maltrechos y la arena ha sido tapada por los pastos. Tal vez se junta algún grupo de adolescentes para fumar o hacer tiempo después de la escuela.

A los más chicos no les atrae este escenario desolado al lado de todos los colores, brillos y destellos que les puede ofrecer la televisión, los videos juegos o la computadora.

Los padres a veces somos reticentes a llevarlos a las plazas de nuestro barrio por temor a la inseguridad. No resulta muy tensionante no poder perder de vista a nuestros hijos ni un instante y ante esto, preferimos no llevarlosya. Pensamos que es son lugares inseguros y hasta preferimos no pasar por ellas aunque de esa forma acortemos camino.

Nos parece que la arena está sucia y contaminada y que las palomas nos pueden contagiar enfermedades. Preferimos lo seguro, quedarnos en casa.

También sucede que los chicos salen del colegio cansados y una vez que llegan a sus casas no están con energía para volver a salir. Entre la tarea y el estudio, no les queda mucho tiempo en la semana para ir.

Algunas plazas nos ven pasar, nos ven esquivarlas, nos ven ignorarlas…En su silencio piden a gritos que volvamos a ir… Y en el fondo, tal vez sin darnos cuenta, nosotros también las necesitamos a ellas.

Necesitamos volver a conectarnos con nuestro barrio: conocer al vecino y a sus hijos, conocer lo que está pasando en el pueblo o en barrio, conocer los acontecimientos importantes de la vida del otro o compartir las preocupaciones comunes. En fin, relacionarnos como ciudadanos de un mismo lugar, desarrollar el sentido de pertenencia.

También los chicos necesitan jugar al aire libre, conectarse con la naturaleza, desarrollas sus habilidades motoras, conocer a los vecinos de su misma edad, más allá de los de la escuela, correr entre los árboles, patear la pelota, perseguir a las palomas y andar en bicicleta. Respirar aire puro. Aprender a jugar con los demás.

Los más grandes pueden hacer gimnasia, juntarse a matear a la sombra de un árbol, jugar un picadito entre amigos o charlar con otros de su misma edad.

Todos necesitamos este espacio, grandes y chicos. Si la plaza está llena de gente del barrio y nos conocemos todos, hay mucha menos posibilidad de que sea un lugar inseguro. Por otra parte, si todos nos ponemos de acuerdo y la revalorizamos, podemos pedir que haya más seguridad que vigile.

Encontrarnos en la plaza para compartir, disfrutar y conversar ayuda a nuestra salud y mente y desarrolla en nosotros el deseo y compromiso de cuidar lo nuestro.

Algunos consejos para un rato de plaza:

 

  • Si vas a una plaza donde concurre mucha gente, te conviene ponerle a tu hijo una remera más bien llamativa para poder identificarlo más fácilmente

 

  • Ponerle nombre a los juguetes de plaza ayuda a que sean devueltos.

 

  • Animar a nuestros hijos a que interactúen y conozcan a otros niños para que compartan juegos.

 

  • Avisar a un guarda si ves algo o alguna persona que llame tu atención.

 

  • Llevar alguna galletita o agua por si a los más chicos les agarra hambre.

 

  • Después de jugar en el arenero, en un banco, quitarle la arena de los zapatos a tu hijo para que no la traslade hasta la casa.

 

  • Explicarle a los chicos que no hablen con desconocidos y que siempre tienen que jugar al alcance de nuestra vista.

 

  • Acompañarlos para que, de a poco, se vayan animando a probar juegos nuevos o hacer pruebas diferentes.

 

  • Recordarles que después de un día de plaza, es muy importante lavarse las manos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

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