Algunas reflexiones sobre el proceso de aprendizaje y la organización del estudio

jardin

La capacidad de aprender es un proceso infinito que empieza en los primeros minutos de vida. Más allá de las diferencias entre los aprendizajes innatos, naturales y los aprendidos, todos los individuos de todas las edades necesitamos de la interacción con objetos/ estímulos para asimilar y aprender los nuevos conocimientos. El problema surge en la escuela cuando esos aprendizajes no parten de una motivación personal sino de un programa o currículo.

En la primera infancia,  los niños son como “esponjas”: en general todo lo nuevo –adecuado a su edad- les resulta atractivo y muestran curiosidad e interés; todos recordamos estos años como la edad de los “porqués”.

En esta etapa es también muy importante la capacidad de escuchar que van adquiriendo los pequeños a partir de la lectura de cuentos o la narración de historias o anécdotas. A través de los relatos, los niños desarrollan la imaginación, van armando la secuencia lógica y temporal entre un suceso y otro, incorporan vocabulario nuevo, memorizan fragmentos o fórmulas tipificadoras de género, comparan las diferentes visiones de mundo que ofrecen los relatos, al tiempo que comienzan -muy lentamente- a discernir lo que es realidad de lo que es fantasía.

A través de recontar las historias leídas van desarrollando la expresión oral, mejorando la pronunciación de determinadas palabras y transformándose en verdaderos narradores.

De esta forma, sin la necesidad de llevar “tarea para el hogar”, el niño de jardín de infantes va empezando a desarrollar incipientes estrategias que le servirán a futuro en su formación escolar.

A simple vista,  el entusiasmo y curiosidad propios de esta edad parecen decaer a medida que los chicos se escolarizan y al tiempo que se pautan y complejizan los métodos y estrategias de aprendizaje. Y es entonces cuando surge la resistencia a sentarse a estudiar…

El poder de las preguntas

Las preguntas ponen a funcionar nuestro cerebro. Una maestra que presenta un tema  nuevo preguntando a los alumnos qué saben acerca de él y cuáles son sus conocimientos previos, enciende la capacidad de investigación, la curiosidad y pone en funcionamiento los resortes del razonamiento. Plantear a los chicos las preguntas adecuadas es encender la llama de la búsqueda del conocimiento.

La oportunidad de expresión

Expresar en voz alta o por escrito una idea o un concepto es prueba de haberlo comprendido. La capacidad de expresión es central en el proceso de aprendizaje. Es muy bueno que los chicos expresen y expongan lo que han aprendido y sepan que al hacerlo, están afianzando sus conocimientos. Nadie puede explicar lo que no ha aprendido.

La ayuda de esquemas

Todo aprendizaje necesita de una síntesis, de una ponderación de los contenidos. Enseñar a los chicos a realizar esquemas, gráficos y cuadros, los ayudará a sintetizar la información de tal modo que sea comprensible. El graficar las ideas y los conceptos además es de gran ayuda para fijar los conocimientos y recordarlos rápidamente al momento de repasar lo aprendido para un examen.

El compartir los conocimientos

Dialogar con otros sobre lo que se ha aprendido amplia el conocimiento. La reformulación oral de los nuevos contenidos –o sea, que los chicos expliquen con sus palabras lo nuevo-  y el escuchar otros puntos de vista hace que obtengamos conclusiones prácticas de lo aprendido. Fomentar la interacción entre los chicos, el debate de temas, el intercambio de ideas, les ayudará a estudiar mejor y estar motivados por aprender.

La organización del tiempo

“Si pude sentarme a estudiar ya hice más de la mitad del esfuerzo necesario”. La organización de cuánto tiempo le dedicaremos al estudio y cuándo lo realizaremos es central para lograr estudiar. Saber utilizar una agenda y un calendario y saber dividir el tiempo y cumplir con el mismo les permitirá a los chicos adquirir la autonomía y la organización  necesaria que les será de gran ayuda durante toda su vida.

La alimentación y el descanso

Para estudiar bien hay que sentirse bien. A los chicos que no hayan desayunado lo suficiente y no hayan dormido una cantidad de horas razonables les costará mucho concentrarse. La buena alimentación y el descanso son esenciales para que nuestro cerebro responda a la hora de ir al colegio o al sentarnos a estudiar en casa. Esto es bueno recordárselo a los padres cada tanto ya que antes de salir de casa o en las viandas los chicos deben obtener las energías suficientes para enfrentar la jornada escolar.

 

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