LOS LÍMITES Y EL TRABAJO ÁULICO

limites en el aula mejor para posteo

La rutina que suele prevalecer en la cotidianeidad del trabajo en el aula puede despertar en los alumnos algunas reacciones que terminen perjudicando el clima de la clase. ¿Cómo poner un límite adecuado sin dañar el vínculo docente-alumno-familia?

Los límites son necesarios: ayudan al desarrollo, a la maduración y la comprensión de la convivencia social, pero es difícil encarar el tema desde una postura homogénea, sobre todo porque los límites varían en función de las normas de la institución educativa y del propio temperamento del docente.

Hay maestros que expresan su disconformidad con límites estrictos o con la aplicación de sanciones disciplinarias; en cambio otros se molestan porque los mismos están planteados a partir de una reflexión que debe realizar el alumno sobre una actitud determinada.

Todos los que trabajamos con un grupo de estudiantes, sabemos que en un momento u otro algún alumno presentará cierto  problema relacionado con la conducta, y que cuanto más rápido, claro y  constante sea el límite que coloquemos más fácil será identificar para el niño que debe cambiar su comportamiento.

Pero es fundamental que tengamos en claro que poner un límite no consiste únicamente en imponer reglas y castigos para lograr el cambio, sino que es fundamental comprender que detrás de todo problema de conducta, hay varios factores que necesitan ser expresados.

Todo niño posee sentimientos, frustraciones o ideales que necesitan ser pronunciados, y que al no poder hacerlo en su casa tratará de manifestarlos en el ámbito escolar (donde se encuentra rodeado de sus compañeros y/o amigos). La actitud que nosotros tomemos no debe ser pasajera o carente de interés ya que esto causará frustración en la relación docente – alumno.

Es cierto que en la actualidad algunos padres creen que la educación no debe utilizar herramientas correctivas porque sienten que nos metemos con la forma de criar a sus hijos, por lo tanto nos vemos desvirtuados y desprotegidos en el ejercicio de nuestro rol ya que más allá de lo que exprese el directivo de la escuela o lo que creamos nosotros, los padres hablan con sus hijos y les piden un juicio de valor sobre nuestro trabajo, lo que se termina convirtiendo en niños jueces, o sea, que son  los chicos quienes aprueban o no las normas escolares.

Ante esto, es importante dialogar siempre con las familias y evaluar si las reglas planteadas por esa escuela son concordantes con las que ellos aplican en sus hogares, puesto que entonces esa institución no sea la indicada según lo que ellos buscan para formar a sus hijos.

Sin embargo, más allá de todas estas contrariedades somos nosotros los que tenemos el verdadero poder. Cuando estamos al frente de una clase todos los alumnos “nos van a medir”, es decir que van a probar hasta dónde pueden llegar, pero si demostramos poder de control y comprensión a la vez, obtendremos con nuestros alumnos una autoridad bien entendida.

Entonces: ¿cuándo decir basta?, ¿cómo lograr que nuestros alumnos nos vean como una autoridad y nos respeten?, ¿qué clase de maestros debemos ser para nuestros alumnos?

Hay momentos en los que es preciso dejar de impartir contenidos para hablar y escuchar a los chicos, otros donde es importante ponerle una pizca de humor o alegría a las experiencias de enseñanza- aprendizaje, pero sin dejar de exigirles, de esta forma lograremos transformarnos en una guía para nuestros alumnos que protege bajo códigos, reglas y diálogo.

Así realmente nos estamos poniendo “al frente” de la clase, porque los niños percibirán la comprensión, pero sabrán que tienen que cumplir con una obligación ya que ellos percibirán que realizamos nuestra tarea con verdadera vocación.

Algunos consejos:

 

Es muy importante tener en claro qué buscamos y lograr situarnos como autoridad sin dejar de atender las necesidades de nuestros alumnos. Por eso, el primer día y a lo largo del primer período de clase debemos:

 

  • Pautar las normas de convivencia elementales. Reflexionar sobre qué cosas están permitidas y cuáles no.
  • Expresar cuál es la actitud que esperamos de ellos.
  • Exponer en el aula las pautas de trabajo y evaluación.
  • Dejar en claro cuáles son los contenidos básicos que deben saber para aprobar la materia.
  • Estimular y acompañar  a los chicos en el desarrollo de los trabajos con un gran estímulo
  • Escuchar a todos y lograr tener aunque sea un minuto en particular con cada uno de ellos.
  • Invitarlos a colaborar, que vean que ellos también pueden enseñarle a otros.
  • Fortalecer su autoestima.

 

 

Foto: Escuela de campo en Saladillo. (Fotocommunity).

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s