LLEGARON LAS VACACIONES DE INVIERNO…

tiempo de vacaciones

La cantidad de tiempo libre del que dispongamos  para estar con los chicos, las condiciones climáticas del lugar en el que estemos y el presupuesto con el que contemos son tres de los factores clave a tener en cuenta para planificar actividades para estas vacaciones.

Cada año cuando promedia julio, nos invade la misma inquietud: ¿cómo organizar las dos semanas de vacaciones de invierno para que no se transformen en vacaciones de “infierno”? Es que mientras los chicos disfrutan del receso escolar, lo más probable es que los adultos –debido a las obligaciones laborales- no podamos acompañarlos durante estos días de la forma en que nos gustaría hacerlo.

Nos preguntamos si debemos hacerles practicar temas escolares en estas dos semanas o darles descanso de la actividad intelectual, horarios y rutinas; sin duda surge el temor de si los desarreglos de horarios y hábitos pueden boicotear la rutina que tanto nos costó adquirir en la primera parte del año. Relajémonos al respecto: las vacaciones son para descansar y salvo expresa indicación de los docentes, no es necesario que los chicos se sienten todos los días a repasar o hacer la tarea. Proponerles que ordenen su biblioteca puede ser una estrategia para que descubran un libro olvidado, lo desempolven y se sumerjan en su lectura. De la misma forma, si nos acompañan a hacer las compras podemos pedirles que vayan sumando lo gastado para practicar cuentas, por ejemplo.

Con respecto a las salidas, nos angustiamos pensando en que el presupuesto no nos alcanzará para satisfacer todas las actividades que les prometimos que haríamos. Es cierto que una salida al cine o al teatro pueden convertirse en una experiencia inolvidable pero también es cierto que la combinación de espectáculo más merienda o almuerzo y viático suman una cifra mayor de la que disponemos.

Pero, ¡tranquilos!… no se trata en todos los casos de gastar dinero sino de ser creativos: cada barrio, pueblo o ciudad suele ofrecer actividades, excursiones y espectáculos gratuitos de gran calidad, ya sea en espacios abiertos o cerrados como teatro en las plazas o visitas guiadas en los museos especialmente diseñadas para los niños. Solo hay que estar atentos a su difusión. También podemos pedirles a otros padres que nos avisen si se han enterado de alguna programación conveniente o recomendable.

Otro factor que debemos tener en cuenta es el climático ya que que el frío o lluvia invernales pueden malograr algunos programas al aire libre. Es necesario que les advirtamos anticipadamente a los niños que puede haber cambios de último momento en los planes para evitar berrinches. Bastará con tranquilizarlos diciéndoles que aún quedan varios días para reprogramar dicha actividad.

 

En resumen,

  1. Planifiquemos las actividades que haremos combinando los pedidos y gustos de los niños con las tres variables mencionadas: presupuesto, tiempo disponible, condiciones climáticas.
  2. Asumamos que haremos lo que podemos y que si por algún motivo falla el plan no somos “los peores padres del mundo”. El niño tiene que entender que hay imponderables y esta actitud favorecerá su tolerancia y resilencia frente a adversidades en el futuro.
  3. Convoquemos o pidamos ayuda a abuelos, tías u otros padres para traslados o salidas o para que cuiden a nuestros hijos en casa o en la de ellos.
  4. Combinemos salidas y actividades compartidas con los padres de otros niños.
  5. Consultemos la programación de actividades gratuitas que se ofrecen en parques, museos, teatros y clubes.
  6. No siempre es necesario armar planes muy sofisticados ni onerosos: una tarde en casa de un amigo, un paseo en la plaza en bicicleta, un picnic en el jardín, cocinar juntos, recorrer un álbum de fotos, mirar películas de cuando los niños eran bebés, acompañar una mañana a mamá o papá al trabajo pueden ser experiencias fascinantes para los chicos sin necesidad de gastos siderales.

 

Por último, no queramos que nuestros hijos se entretengan a toda costa planificándoles todos sus momentos libres para que no se aburran porque con esto fomentamos la ansiedad e insatisfacción constante. Por el contrario, los niños necesitan desarrollar su imaginación y esto también se hace en el tiempo libre, en el ocio creativo.  Dejémoslos que exploren, inventen, imaginen, jueguen en sus cuartos, en la sala, en el jardín, solos o con hermanos o amigos indagando en sus gustos personales pero sin la necesidad de “llenar su agenda”.

 

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