EL TIEMPO DEDICADO A NUESTROS HIJOS: ¿CALIDAD O CANTIDAD?

pescando con perro

Muchos padres nos preocupamos porque quisiéramos pasar más tiempo diariamente con nuestros hijos pero las obligaciones laborales y la vorágine del ritmo de vida actual nos lo impiden. ¿Cómo evitar el sentimiento de culpa y transformar la cantidad de tiempo en tiempo productivo?

Es indudable que las relaciones familiares de calidad son positivamente influyentes en el desarrollo de la vida social, intelectual y afectiva de los chicos. También es cierto que cada vez son más las horas que debemos dedicarle a las actividades laborales y a otras demandas de la vida moderna, lo que provoca que en varias oportunidades los padres no dispongamos de todo el tiempo que quisiéramos para estar con nuestros hijos.

En los últimos años varias organizaciones dedicadas a la salud han basado sus investigaciones en el cuidado y el desarrollo infantil de este milenio. Los resultados revelan que es tan importante la cantidad como la calidad del tiempo que  les dedicamos a los niños. Esto tendrá una influencia positiva, no sólo en su comportamiento cuando alcancen la etapa de la pre- adolescencia, sino que también promueve un desarrollo intelectual eficiente y aumenta su autoestima.

Por más esfuerzos que hagamos muchas veces para ajustar nuestra agenda y permanecer el mayor tiempo posible con nuestros hijos, por la época en que nos tocó vivir, nos resulta muy difícil dejar de lado nuestros trabajos, profesiones u otras actividades que nos afectan directamente en lo económico o que están relacionadas con nuestra realización profesional. También se ven afectados con este conflicto, familias cuyos padres se separan o divorcian. En este caso, el padre o madre que deja el hogar suele sentir culpa por no poder compartir más momentos con su hijo.

 

Es importante organizarse para dedicar tiempo de calidad a los chicos. Algunos de esos momentos serán fijos, regulares a lo largo de la semana pero otros se pueden ir organizando según nuestras posibilidades. ¿Quién no se alegró en su infancia ese mediodía o tarde en que mamá o papá lo sorprendieron yéndolo a buscar a la salida del colegio?

 

Podemos pedirles que nos acompañen a hacer las compras cuando llegamos, que nos ayuden a cocinar o a ordenar la casa, que se sienten a hacer la tarea mientras nosotros terminamos algún trabajo a su lado,  o que nos sentemos a jugar  aunque sea un ratito con ellos.

 

Mientras estas actividades suceden, los diálogos que se dan fortalecen el vínculo entre padres e hijos, porque es durante esas pequeñas situaciones cotidianas cuando transmitimos valores, los chicos pueden expresarnos una duda o comentarnos alguna situación de sus vidas sociales que hasta ahora no habían manifestado.

¿Cómo lograr la calidad?

 

  • Instituir un momento del día como “el momento familiar”. Este puede suceder todas las mañanas al compartir el desayuno o durante el transcurso de la cena, ya que son las mejores oportunidades para hablar de “la agenda del día” de cada integrante y es donde se plantean las opiniones y experiencias de cada uno.
  • Mantener comunicación y contacto fluido a lo largo del día. Hoy la tecnología facilita las posibilidades para llamarlos o mandarles un mensaje de texto durante el horario de almuerzo o para saber si ya salieron de la escuela y llegaron a la casa. Los chicos deben saber que si nos necesitan pueden comunicarse con nosotros.
  • Compartir actividades durante el fin de semana. Si en la semana tenemos poco tiempo, dediquemos el fin de semana para compartir una actividad especial y única con ellos. Puede ser un deporte, un hobby, mirar películas juntos o ir cumpliendo un proyecto común que se pactará entre ambos como visitar cada fin de semana a un museo diferente o planificar diferentes salidas al aire libre. Cuando el niño vea que lo prometido se cumple, podrá esperar sin ansiedad.
  • Priorizar nuestra presencia al despertar y a la hora de dormir. El despertar o el beso de buenas noches de mamá y papá son irreemplazables, sobre todo en los primeros años de vida.
  • Establecer una rutina a la hora de dormir como leerles un cuento, cantarles canciones o contarle anécdotas de cuando éramos niños. También en estos momentos podremos satisfacer sus dudas, temores y deciles cuánto los queremos.

 

 

Cada familia establecerá su “ritual” y estos momentos especiales se almacenarán profundamente en la memoria emocional y el recuerdo de todos sus miembros.

Seguramente siempre haremos todo lo posible para estar con nuestros hijos todo el tiempo posible pero si este fuera menor a lo deseado, la clave está en transformar los momentos que pasemos con ellos en instantes de calidad y de regocijo.

 

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