La entrevista con los padres. Tema: la conducta.

entrevista con padres

Cuando tenemos que reunirnos con los padres de un alumno solemos poner muchas expectativas en la respuesta que recibiremos por parte de la familia, pero, ¿qué sucede cuando nos toca plantear dificultades en la conducta? Muchas veces nos causa una sensación de estrés. ¿Cómo prepararnos para abordar el tema sin “acusar” o  sentimos “en el banquillo de acusados”?

En el trabajo cotidiano en el aula y en otros espacios y momentos de la jornada escolar forma parte de la tarea docente observar los avances y retrocesos de cada uno de nuestros alumnos no solo en el desempeño académico sino también en lo que se refiere a sus actitudes y comportamientos.

Durante esta tarea constante, podemos detectar conductas que generan conflictos con sus pares o que requieren de un “llamado de atención” por nuestra parte.

El problema surge cuando percibimos que estas conductas se repiten cada vez más frecuentemente y, que a pesar de las reflexiones que pudimos hacer con el alumno, no logramos ver un cambio en las mismas. Entonces,  es el momento de conversar con sus padres para poder profundizar juntos en los motivos de estos comportamientos y poder intevenir para ayudar al alumno.

Esta charla servirá para consultar a sus padres acerca de las causas o disparadores que pueden estar llevando al niño a expresarse de esa forma: si está pasando por una situación emocional particular por temas personales o familiares, si esa actitud negativa que observamos es un rasgo de su personalidad, si el niño está pasando por un período de frustración o si hay algo que los docentes debemos saber en especial de ellos y los niños no se animan a contar.

Sabemos que las conductas están muy relacionadas con la expresión de nuestras emociones; por eso debemos conocer de qué manera responde este niño en su casa, en el club o en cualquier otra situación de convivencia familiar. Así podemos empezar a comprender si se trata de desobediencia o de algún tipo de frustración.

Cuando convocamos a la reunión debemos:

  • expresarle a la familia sobre qué nos interesa hablar,
  • tener en claro aquello que vamos a contarles y
  • qué buscamos lograr con este encuentro.

Es indispensable no volcar emociones con respecto a una conducta de nuestro alumno, ya que la familia no concurre a la escuela para ser “castigada por lo que hizo su hijo”, sino que se acerca para poder dialogar, exponer puntos de vista sobre el tema y realizar acuerdos con nosotros.

Es muy importante conocer cómo trabaja cada familia las pautas y los valores, ya que estos pueden no coincidir en todo con el ideario de la institución educativa.

Debemos ser precisos. Como docentes tenemos que llevar un  registro de las conductas que nos llamaron la atención, de las que generaron una reflexión con el alumno y de las acciones que llevamos a cabo ante las mismas.

Tenemos que trabajar en equipo. La unión con nuestro alumno y sus padres hará que el niño se sienta sumergido en mundos diferentes, pero con el mismo discurso, o sea que le será más fácil saber qué se espera de él ante determinadas situaciones.

Si logramos acordar algunas estrategias comunes para ayudar al niño a mejorar, seguramente notaremos un cambio.

Acudamos al diálogo. No olvidemos que los “castigos” arbitrarios no generan ninguna reflexión o modificación en el pensamiento de nuestro alumno. Conversemos con ellos y hagámoslos partícipes de los acuerdos que establecimos con su familia.

Seguramente no es nada fácil para los padres sentir que su hijo “no se comporta” como es esperado y también podemos encontrarnos con familias que no concuerdan con nuestro punto de vista. En todos los casos, seamos objetivos y no impongamos un juicio de valor personal sobre las conductas, ya que cada familia posee ideales diferentes de crianza y educación.

Es importante no olvidar que durante la reunión no debemos discutir o analizar problemas familiares, no podemos comparar situaciones vividas con maestros de años anteriores o con los hermanos de nuestro alumno.

Asumamos un compromiso y produzcamos acciones – soluciones. Mantengamos informada a la familia periódicamente.

Luego de esta instancia, y pasado ya un tiempo de nuestro trabajo en equipo, decidiremos si es necesario sumar a otro profesional para trabajar en conjunto con la familia y la escuela.

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