EL DIÁLOGO FAMILIAR FRENTE A LAS PREGUNTAS DIFÍCILES

papá hablando con hijo

Afrontar las preguntas “perturbadoras” de nuestros hijos  nos obliga a  dejar de lado tabúes y prejuicios. La relación que hemos tenido con nuestros padres, cómo ha sido nuestra crianza y nuestra escala de valores influirán en la respuesta que les  demos a los niños ante a algunas preguntas.

La comunicación familiar y la forma en que esta se ponga en práctica entre cada uno de los miembros de la familia sentarán las bases de la crianza y educación de nuestros hijos. Es que no solo funcionamos como “modelo” para ellos a través de nuestro accionar diario  pues también este se complementa con la respuesta que les demos frente a algunos interrogantes “incómodos” que nos planteen. A través de nuestras respuestas pondremos de manifiesto valores, creencias y, aunque nos cueste reconocerlo, también  prejuicios.

Existen ciertas inquietudes de los niños que nos resultan más embarazosas de tratar que otras y esto se relaciona con nuestra forma de pensar y con la orientación de nuestra crianza,  nuestras propias inseguridades, temores, las creencias culturales, el contexto social al que pertenecemos, etc.

Seguramente podríamos enumerar una serie de temas importantes para hablar en el ámbito familiar, pero las complicaciones empiezan cuando no sabemos cómo responder a determinadas preguntas incómodas o que no tengan una sola posible respuesta.

Lo más importante es recordar que para ellos muchas veces es más importante formular la pregunta que la contestación que les demos ya que seguramente no esperan una explicación “metafísica” sino una que satisfaga su curiosidad del momento y la inquietud típica de esa edad. Preguntas sobre la muerte o el sexo, por ejemplo, suelen angustiarnos a nosotros pero para ellos son muy naturales y esperan una respuesta del mismo tenor, y sobre todo sincera.

La confianza se construye día a día y, si sentamos las bases del diálogo en excusas, mentiras y ocultamientos, los niños no confiarán en nosotros y, ante una situación difícil para ellos no recurrirán a nuestro consejo u opinión en el futuro.

Siempre es mejor hablar con la verdad que esbozar una mentira que luego será más difícil de explicar. Es verdad que los padres no siempre podemos tener las respuestas para todas las preguntas, pero debemos desterrar algunos mitos que nos terminarán perjudicando en vez de ayudarnos. Debemos sincerarnos con ellos si creemos que no sabemos qué contestarles sobre un determinado tema en el momento en que nos pregunten; ante esta situación podemos contestarles que vamos a pensar en la inquietud que nos plantean y se las responderemos cuando creamos que tenemos algo claro y concreto para decirles.

Es saludable hablar sobre la historia familiar y las generaciones anteriores, expresar nuestro pensamiento sobre algunos secretos o momentos dolorosos, explicarles la postura que tomamos frente a temas como las drogas y el alcohol, mostrar flexibilidad ante algunos planteos, conversar  sobre la sexualidad, plantear las diferencias con otros miembros de la familia, aclarar qué esperamos para su futuro y qué pensamos sobre sus gustos y sueños a futuro.

La información que les brindemos como padres es irremplazable y si ellos se sienten cómodos preguntando y nosotros de la misma forma contestando más allá del tenor de la pregunta, evitaremos que busquen –secretamente- las respuestas en otros ámbitos.

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