CUÁNDO RECURRIR AL APOYO ESCOLAR

madre estudiando con hijo

Muchas veces nuestros hijos presentan dificultades para entender alguna materia o les cuesta organizarse para realizar las tareas pedidas; ante esta situación trataremos de ayudarlos nosotros pero si no podemos, quizá convenga recurrir por un corto lapso a un apoyo escolar.

Cuando éramos chicos a todos nos costó comprender algún tema o materia y en algunas oportunidades terminábamos pidiéndoles ayuda a nuestros padres, abuelos o hermanos mayores para hacer la tarea. Esto mismo les pasa a muchos chicos actualmente.

Hay varias razones por las cuales nuestros hijos pueden tener en algún momento inconvenientes para comprender algún contenido de la escuela, más allá de la facilidad o dificultad  natural ante una materia y aun cuando el resto de sus compañeros no presentan estas dificultades:

 

  • Concentración limitada por cortos períodos
  • Agotamiento mental y físico
  • Mala base de años anteriores
  • Sensación de apetito o sueño
  • Problemas emocionales ocasionales o de conducta
  • Desorden en sus cuadernos o carpetas
  • Desinterés por el tema

 

Para poder ayudarlos primero debemos conocer la verdadera causa de sus dificultades, y para ello tendremos que hablar con el docente o el gabinete psicopedagógico de la escuela.

Obviamente no nos posicionamos de la misma forma si el problema es detectado desde la escuela que si lo notamos nosotros en nuestro hogar, ya que puede suceder que el niño trabaje bien en el aula y sin embargo, presente estas dificultades en casa. Es allí donde podemos tomar la decisión de brindarles un acompañamiento escolar.

Este apoyo debe cumplir con nuestras expectativas como padres, pero también debe ayudar verdaderamente a nuestros hijos.

Hay varias posturas a favor y en contra de un apoyo escolar guiado por un docente o cuando este es impartido por nosotros, ya que este niño puede requerir una ayuda exhaustiva, específica y constante o simplemente puede darse en algunas oportunidades para la realización de determinadas consignas.

Es importante sentarnos con los niños y observar si su conflicto está basado en una falta de comprensión e interpretación de las pautas pedidas para una determinada tarea, si el tema al que se refiere la misma no es de su agrado o no lo entiende en sí mismo o si la dificultad es aún mayor y requiere hasta una consulta con otros especialistas de la educación para orientarnos mejor sobre cómo actuar.

Si decidimos emprender esta labor nosotros mismos debemos  pautar un horario determinado, un día específico y hasta un lugar preciso del hogar para sentarnos y ayudarlos. Otro punto importante a tener en cuenta es que el vínculo que tenemos con nuestros hijos no cambia en este momento y,  puede ocurrir que ellos quieran negociar con nosotros una ayuda mayor o no acepten un límite determinado.

Si buscamos la ayuda de un profesional todas estas cuestiones anteriores quedan remediadas, pero debemos enfocarnos en detectar cuál es el vínculo que nuestros hijos entablaron con este docente, puesto que las emociones pueden influir trascendentalmente para la motivación o el rechazo hacia aquello que queremos lograr.

Es imprescindible hacer un seguimiento cercano y evaluar si hay o no avances en nuestros hijos. Por otro lado, es deseable que la ayuda escolar no se transforme en una tutoría permanente ya que los chicos se acostumbrarán a que el profesor o maestro particular “piense” por ellos, alejando la posibilidad de que de a poco puedan resolver las dificultades por sí mismos.

 

 

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