La maestra me citó para charlar del comportamiento de mi hijo: ¿qué actitud es útil tomar antes, durante y después de la entrevista?

de espaldas al colegio

Cuando somos convocados excepcionalmente a una reunión con un docente y el tema es el mal comportamiento o conducta de nuestro hijo, solemos inquietarnos de antemano. ¿Por qué esta cita nos produce a los padres sentimientos encontrados?

La situación de “entrevista” puede hacernos sentir en el banquillo de los acusados pero para evitar esta sensación conviene saber que no hemos sido citados por la maestra u otras autoridades de la escuela para ser juzgados. La intención de este encuentro es siempre tratar de entender las causas de un cambio de conducta en nuestros hijos o de una situación particular o permanente en la que su comportamiento merece ser analizado y comprendido entre docentes, padres y el niño.

Luego de que el problema puntual por el cual hemos sido convocados se plantea y expone abiertamente, no es conveniente pensar que como padres tenemos que “ponernos de un lado o del otro”, o sea, aceptar o rechazar lo que se está diciendo de nuestro hijo. Más allá de que la evaluación de la conducta puede ser considerada subjetiva, hay determinadas pautas en la escuela que son necesarias para la convivencia entre sus miembros. Obviamente esto no quiere decir aceptar situaciones injustas sino que el objetivo es un alerta para que juntos, padres y docentes encontremos posibles causas y motivaciones que hacen que el niño se esté portando diferente, agresivo, contestador, etc.

También puede suceder que lo expuesto por el docente no coincida con las pautas con las que nos manejamos en casa y creamos que lo expresado cuestiona nuestros valores o la forma en la que buscamos educar a nuestros hijos. Sin embargo este mismo planteo puede llevarnos a revisar cuáles son los principios valorados en la escuela elegida para enviar a los chicos y al mismo tiempo, a proponerle al docente otras posibles interpretaciones de ellos.

En el transcurso de la charla seguramente plantearemos nuestra conformidad o reserva respecto a qué se observó como mal comportamiento y cuán rígidamente o no se calificó el mismo. Pero más allá de que tenemos la libertad de expresar nuestra aceptación o rechazo, debemos pensar que el objetivo de la charla es que tratemos de ver la forma de realizar acuerdos que involucren la labor hogareña y la escolar conjuntamente.

Es muy importante no olvidar que nuestros hijos, desde que son muy chicos, se encuentran rodeados por:

  • los valores y principios que nosotros le imponemos,
  • las obligaciones escolares y sus normas,
  • las reglas impuestas por la sociedad de este momento, y
  • sus propias “leyes internas”.

Cuando el docente nos explique aquello que observó en el desarrollo de la jornada escolar se estará refiriendo a sus comportamientos frente a las actividades planteadas, a la forma en que se relaciona con sus compañeros en el aula y en los momentos de juego y a las actitudes que demuestra frente a determinadas consignas que impliquen alguna responsabilidad.

Durante este diálogo, y luego de escuchar al maestro y de que él nos escuche a nosotros, seguramente podamos identificar si estos comportamientos se deben a algún tipo de frustración,  situación  particular por la que está pasando la familia y que afecte la conducta del niño, o  como una forma de llamar la atención. Además conviene saber que la conducta es una actitud que tomamos frente a las responsabilidades que tenemos o a las pautas que nos toca cumplir y que respondemos a las mismas influenciados por nuestras emociones.

En este momento es cuando debemos acordar que el diálogo y la posibilidad de decir qué siente nuestro hijo ante un determinado comportamiento por el que se le llamó la atención, es una de las formas de entender su reacción y conocer sus emociones. También acordemos reflexionar sobre las reglas cotidianas del aula, de la casa, del club y que nuestro hijo pueda expresar qué entiende o qué le molesta de estas.

Es importante recordar que si formamos un equipo entre nosotros, el docente de nuestro hijo y nuestro hijo, éste se sentirá acompañado y acostumbrado a recibir el mismo discurso en todos sus ámbitos de concurrencia, por lo cual se dará cuenta de nuestro trabajo en conjunto y a su vez interpretará que “todos los que él conoce” esperan una misma conducta ante determinadas pautas.

La comunicación es la base de una sociedad civilizada y, si construimos entre todos un vínculo afectivo basado en ella, este niño aprenderá a expresar sus emociones antes de realizarlas impulsivamente.

Cuanto más apoyo y escucha reciba de nuestra parte, será más fácil para ellos responder de la forma que esperamos porque se sentirá contenido, escuchado y valorado.

Si aún después de trabajar en conjunto notamos que no hay cambios o que nuestros hijos son indiferentes a nuestra actitud, será necesario pensar en la posibilidad de acudir a un profesional que nos ayude y se sume a este equipo de “padres- niño-escuela.”

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