Los trastornos de la conducta alimentaria en niños y adolescentes. Señales para tener en cuenta.

Mother's Hand Feeding Food to a Young Girl (13-14) Who Is Making a Face

 

¿Qué tienen en común los términos anorexia, bulimia, trastorno por atracón, síndrome del comedor nocturno, vigorexia,  ortorexia?  La respuesta es que todos ellos designan desórdenes o trastornos de la alimentación cada vez más frecuentes en niños y adolescentes.

Los rasgos más comunes de la bulimia –consumo de comida en demasía en períodos de tiempo muy cortos seguido de purgas y vómitos para eliminar el exceso-  y de la anorexia – rechazo o restricción exagerada de la comida por el miedo obsesivo a engordar-  están identificados científicamente y  muy bien documentados: son el perfeccionismo, las  dificultades interpersonales, la inseguridad social y la baja autoestima, la alteración de la imagen corporal por una insatisfacción del cuerpo, la impulsividad y el miedo a la madurez.

Pero los otros desórdenes mencionados  son todavía desconocidos para muchas personas ya que son difíciles de diagnosticar correctamente. No en todos se presentan los mismos rasgos, ni en la misma dimensión, sino que hay un abanico más amplio que los diferencia de los dos trastornos ya mencionados,  que son más comunes para la sociedad. Suelen ser desórdenes subdiagnosticados, que en ocasiones  pasan inadvertidos para los familiares o amigos porque  no todos se manifiestan con episodios diarios y que, como no son identificados socialmente, cuando ya se llega a la consulta del especialista, la situación ha podido alcanzar situaciones  complicadas.

Ya que muchos de los hábitos que van a influir en la salud física y mental en la edad adulta se adquieren durante la niñez y adolescencia, es muy importante una correcta valoración nutricional por parte de padres y  pediatras en estas etapas de la vida. Es por esto que los padres debemos estar atentos ante la aparición de las siguientes conductas en nuestros hijos:

  • excesiva preocupación por el peso y la imagen corporal
  • episodios de ansiedad generalizada y de irritabilidad que se alternan con actitudes reservadas o taciturnas, o sea, cambios de humor repentinos
  • rechazo de consumir ciertos alimentos porque engordan
  • tendencias obsesivas
  • búsqueda de perfeccionismo en las tareas escolares o cotidianas
  • bajos niveles de energía
  • pérdida del cabello
  • aumento importante de la actividad física o  disminución de las horas de sueño
  • cepillado muy frecuente de dientes (luego de vómitos autoprovocados)
  • alteración en los horarios de la ingesta de alimentos

Durante las comidas familiares, conviene observar si el niño o niña:

  • juega con la comida, la corta en trozos muy pequeños o la separa para que parezca que comió
  • reduce o aumenta en demasía el tamaño de las porciones
  • mastica durante muchos minutos  la comida y luego la deja en el plato
  • por el contrario, termina su plato muy rápidamente, devorándolo
  • evita alimentos que antes disfrutaba, especialmente los altos en calorías
  • pierde peso en forma repentina
  • usa ropa grande y holgada
  • se levanta seguido con la excusa de ir al baño o permanece un largo rato en el luego de las principales comidas
  • rechaza probar alimentos nuevos
  • manifiesta el deseo de no comer porque le duele el estómago
  • busca excusas para no almorzar o cenar con el resto de la familia
  • manifiesta muy frecuentemente  “antojos” por determinados alimentos
  • deja restos de alimentos en cajones o debajo de la cama

Si aparecen varias de estas señales de advertencia, se debe consultar inmediatamente al pediatra y a un terapeuta  ya que recibir ayuda a temprana edad es la clave para un tratamiento eficaz en este tipo de desórdenes.

Por otro lado, algunos consejos que pueden servir para que ante la aparición de estos desórdenes alimentarios en nuestros hijos sepamos cómo ayudar a revertirlos son:

  • No utilizar la comida como sistema de recompensas y castigos
  • Compartir en familia las principales comidas tratando de no tener prendida la televisión ni atender el teléfono
  • No discutir durante la comida y evitar temas conflictivos y estresantes
  • Evitar preparar platos diferenciadas para cada uno de los miembros de la familia
  • Alentar a que todos prueben nuevas preparaciones
  • No obsesionarse con las dietas y la imagen porque los niños van a querer copiarnos
  • Calcular el tamaño de las porciones y no ofrecer hasta el cansancio lo que queda en la fuente
  • Practicar deportes al aire libre o hacer caminatas con los niños o salir a andar en rollers o en bicicleta
  • Planear diversiones familiares que no estén siempre asociadas con las comidas (hábito muy frecuente de los adultos).
  • Limitar el acceso de nuestros hijos a medios de comunicación que sugieren que la apariencia es la cualidad más importante de las personas. Cuestionar los estereotipos de los medios acerca de lo que es bello y saludable.

 

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